Educación online en tiempo de COVID19. Estábamos preparados?

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A lo largo de estos meses de confinamiento, ha habido un conjunto de palabras que se han hecho más familiares en nuestro vocabulario del día a día, debido a las circunstancias con las que hemos sido obligados a vivir a raíz de esta crisis sanitaria mundial. Todos nos hemos acostumbrado a conceptos como distancia de seguridad, desescalada por fases, la incógnita de la nueva normalidad, y todos hemos tenido que adaptarnos al teletrabajo, en el ámbito laboral, o en la educación en línea, en el ámbito escolar y académico.

Seguramente la adaptación a estas nuevas formas de desarrollar nuestro día a día y trabajar, han sido más o menos buenas según el caso particular de cada uno: hay gente que trabaja mejor sola que acompañada, que el hecho de estar en casa le genera más tranquilidad y bienestar que haberse mover hasta su lugar de trabajo habitual, o hay gente que por el contrario, en casa se ha sentido estancado y con falta de motivación para hacer su trabajo y ha encontrado en faltar trabajar con los colegas de trabajo cerca. Estos aspectos pero, son todos frutos de la experiencia personal que haya podido tener cada uno o de la personalidad de cada persona. Aparte de eso tenemos que valorar también que no todos los trabajos se pueden adaptar igual de bien a la distancia y al traslado a las herramientas tecnológicas que tenemos actualmente.

Se han adaptado correctamente las escuelas, institutos y universidades a la educación en línea?

En el ámbito escolar y académico estos puntos se pueden extrapolar de igual forma: hay estudios, asignaturas o tipo de clases que se han podido adaptar mejor a la normalidad del confinamiento que otros que les ha sido más difícil, y hay alumnos que se han sentido más cómodos que otros al recibir formación y trabajar sus estudios de forma telemática.

Por lo menos, a parte de todos estos factores que han podido afectar en cómo hemos llevado durante estos días los estudios escolares y académicos hay un punto que hay que preguntarse y que además de ser ajeno a la predisposición y las aptitudes de los estudiantes , termina afectando y mucho a cómo los estudiantes han podido llevar sus estudios en este medio curso sin poder asistir a las aulas: se han adaptado correctamente las escuelas, institutos y universidades a la educación en línea?

La experiencia personal de miles de alumnos nos da la impresión general que algo podemos asegurar, y es que esta situación ha cogido a todos desprevenidos. Es obvio que una situación como ésta es difícilmente previsible, pero si que nos lleva plantearnos si los centros educativos que hemos mencionado, habrían tenido que haber sido capaces de ofrecer una respuesta más rápida. Más rápida tal vez, pero sobre todo efectiva. Y es que en esta corta experiencia en la educación telemática que hemos vivido, una sensación que planea es que no se ha dado la respuesta que se esperaba en muchos casos.

Me refiero a clases sin hacerse, alumnos desacompañados, asignaturas reducidas a pilas de pdf a estudiar, exámenes donde no se garantiza la autoría del alumno por una parte, o que por otro no son asumibles si se tiene me cuenta cómo se ha desarrollado la asignatura.

Según mi punto de vista, y sin querer generalizar, el error está en creer que la educación telemática es una sustitución de la educación presencial. Si no puedo hacer una clase, la hago por videoconferencia; si tengo que evaluar los contenidos de la asignatura, pongo un examen, pero lo uso con poco tiempo y con dos cámaras para que los alumnos no copien; si tengo que contar un nuevo concepto, utilizo una pizarra electrónica como si estuviera en clase y tuviera una pizarra convencional .

La educación a distancia ha experimentado una gran mejora en los últimos años gracias al avance tecnológico que ha permitido ampliar el abanico de herramientas para impartirla, que antes era casi nulo. Por lo menos, debemos entender estas tecnologías como las hemos presentado, como herramientas de trabajo y no como herramientas que sirven para sustituir una función presencial.

Es cuando las entendemos de esta manera que vemos claro que la educación a distancia, que ahora pasa a tener el sinónimo de educación online, pasa por replantearnos el proceso educativo, ya que vemos que podemos ser mucho más efectivos haciendo las cosas de forma totalmente diferente. Que no se me mal interprete, no estoy afirmando en ningún momento que la educación online es mejor que la presencial, sino que son diferentes y no se pueden entender como sinónimos. Es otra forma de trabajar y como tal, debemos aprovechar las ventajas de cada una y evitar las desventajas que presentan.

La educación online por tanto, pide un replanteamiento, que consiste en asumir que el alumno deberá aprender de forma autónoma y a su ritmo, pero que a la vez, debe sentirse acompañado en todo momento.

Gerard Guimerà, Profesor Colegio Desconect@ Barcelona

El alumno ya no es un espectador en una clase, sino que es el centro de su propio proceso de aprendizaje, proceso donde se debe mover en todo momento según sus necesidades de forma independiente. Para que esto sea posible, el estudiante debe disponer de un gran número de recursos y material de aprendizaje que le permitan satisfacer lo necesite en cada parte de este camino hacia la comprensión de los conceptos que se han de alcanzar en la asignatura en concreto. Podríamos pensar que en este formato, el profesor no tiene un papel importante, pero si creáramos eso nos equivocaríamos. Si viene el alumno pasa a ser el actor principal en su propio aprendizaje, el profesor debe ser su guía en este proceso. Y ser un guía no consiste sólo en resolver dudas, sino que además, pide ser el creador de un camino a seguir y facilitar al estudiante los pasos que debe seguir en cada caso. Al contrario de lo que podríamos pensar a priori, la comunicación resulta clave en esta modalidad de aprendizaje, tanto entre docente y alumno, como entre alumnos: muchas veces el aprendizaje es colaborativo. Salta a la vista ver que a la hora de evaluar, los exámenes convencionales tampoco serían la mejor opción, o al menos, no deberían ser las pruebas que más peso tengan a la hora de decidir qué nota tiene cada alumno.

Llevar a cabo este cambio de paradigma resulta laborioso, y más si te coge diciembre prevenido como ha ocurrido en este confinamiento, pero no se ha afrontado el problema de raíces y no se han planteado las soluciones necesarias en la mayoría de los casos . Y obviamente esta mala gestión no se ha hecho de forma malintencionada. El problema radica en que tanto los centros como los profesores que trabajan no están preparados para hacer el cambio o no han sabido ver la necesidad de este cambio en la forma de trabajar.

Espero que esta experiencia sirva para estar mejor preparados en caso de tener que volver algún día a la educación de forma no presencial, sea por el motivo que sea. Esto ocurre porque los centros se actualicen y tengan un plan de acción para adaptar sus asignaturas en la modalidad online, y también para que formen sus profesores en poder desarrollar el nuevo rol que se les plantea en esta modalidad educativa. También espero que haya servido para dar a conocer y ver que hay otra forma de enseñar y aprender que puede ser también una opción igual de válida que las clases en el aula desde una perspectiva de lo que es el proceso educativo diferente.